El café, el grano que conquistó el mundo
Max Yoza
Hace tres mil quinientos años, los Oromo —el grupo étnico más numeroso de Etiopía— descubrieron el café. Por entonces, eran una tribu nómada que recorría las selvas del sur etíope. Para sus largos viajes y rituales, consumían el fruto del café mezclado con grasa animal. Capturados con frecuencia por tribus enemigas, eran vendidos en mercados árabes de esclavos, lo que permitió la dispersión del café por toda Etiopía. Con el tiempo, comenzaron a utilizar también las hojas de la planta: las tostaban, molían y mezclaban con agua, azúcar y algo de sal. No está claro cuándo empezó a usarse el grano tostado, pero Razés, célebre médico de Bagdad del siglo IX, menciona el buncham —nombre etíope del café— como una medicina.
La expansión en el mundo árabe
El sufismo, rama mística y ascética del islam, halló en el café un aliado para permanecer despierto durante largas jornadas de oración y meditación. Es probable que los sufíes etíopes introdujeran esta práctica entre los sufíes de Yemen, Sudán y Egipto. Desde ahí, el café llegó a La Meca, donde los peregrinos del mundo árabe y turco-otomano lo conocieron, lo bebían en establecimientos cercanos a las mezquitas y contribuyeron a su propagación.
El café se popularizó en Yemen recién en el siglo XV, cuando Abdelkader, un afamado jurisconsulto, enfermó gravemente y afirmó haberse curado gracias a su consumo. Él había viajado a Etiopía, donde notó que el buncham agilizaba su mente y facilitaba el cumplimiento de los deberes religiosos. Posteriormente, la bebida fue conocida como qawha en árabe. Como puede verse, el café fue considerado una medicina, y los médicos desempeñaron un papel clave en su difusión. En ese siglo se inició el cultivo del café en Yemen, y ya en el siglo XVI eran sus principales productores.
El consumo de café se extendió por el mundo árabe, se bebía en las mezquitas de El Cairo y también en tabernas, donde la gente cantaba y bailaba bajo su influjo. El Cairo se convirtió en el centro del comercio cafetero: los granos llegaban desde Yemen por tierra y eran luego distribuidos por vía marítima hacia Estambul y, más adelante, a Europa. Esta ruta floreció hasta el siglo XVIII, cuando los holandeses arrebataron el monopolio a Yemen.
La expansión en Europa y el dominio holandés
El café probablemente llegó a la España musulmana en el siglo XV gracias a los sufíes y peregrinos que regresaban de La Meca. Sin embargo, con la reconquista de Andalucía por los Reyes Católicos, su consumo desapareció. En el siglo XVI, marineros y comerciantes europeos conocieron el café en sus viajes al Levante —las costas del Mediterráneo oriental— y, al regresar, lo presentaban a sus amigos como una bebida exótica. William Harvey, descubridor de la circulación mayor, estudió medicina en Padua. Allí conoció el café gracias a sus compañeros árabes y continuó consumiéndolo tras su regreso a Inglaterra en 1602. Al morir, legó 56 libras de café al Colegio Médico, con la condición de que se reunieran a beberlo cada mes, el día de su fallecimiento. Así nació la costumbre de reunirse en torno a una taza de café, al principio en pequeños y selectos círculos.
Marsella, puerto con fuertes vínculos comerciales con el Levante, fue uno de los primeros lugares de Europa en adoptar el consumo masivo de café. En 1644, Pierre de la Roque no solo trajo granos, sino también los instrumentos necesarios para su preparación. La leyenda cuenta que el príncipe de Prusia, enfermo de pelagra, se curó gracias a altas dosis de café recetadas por el médico holandés Cornelius Dekker. La noticia popularizó la bebida en Prusia y Holanda, y desde allí al resto de Europa. Holanda firmó un acuerdo con Yemen para monopolizar la compra de café, consolidando a Marsella como centro de distribución europeo. Con la creciente demanda, los precios del café subieron considerablemente.
El café se comercializaba como grano tostado, lo que impedía su uso como semilla. Yemen defendió su monopolio prohibiendo la exportación del cafeto o de granos capaces de germinar. El holandés Pieter Van der Broecke, marino de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, intentó sin éxito obtener la planta en Yemen. Cambió de estrategia: en 1618 abrió una factoría en Moka y en 1628 obtuvo permiso para transportar y comerciar café. Una vez establecido, logró sacar el cafeto —por medios lícitos o no— y cultivarlo en Yakarta y Java, colonias holandesas en Asia. Allí, confiscaron tierras a los nativos y los esclavizaron. En 1714, plantaron el primer cafeto en América, en Surinam. Con mayores áreas de cultivo y redes comerciales más eficaces, Holanda desplazó con facilidad a Yemen. Hoy, tanto Yemen como Etiopía atraviesan crisis sin solución a la vista.
El ascenso y ocaso de Francia
En 1713, Luis XIV recibió cafetos como obsequio del sultán de Yemen, agradecido por haber recuperado la salud gracias a un médico naval francés. El rey ordenó plantarlos en Madagascar y en la Guayana Francesa. El cultivo se expandió con éxito a la isla de Saint-Domingue, donde los costos se redujeron gracias al trabajo intensivo de esclavos. En 1770, el café francés desplazó al de Yemen incluso en El Cairo. Estas colonias suministraban dos terceras partes del café mundial antes de la Revolución Francesa.
En 1791 estalló en Saint-Domingue la única revolución de esclavos exitosa del mundo, que culminó en 1804 con la creación del estado independiente de Haití. Con el 88% de la población en condición de esclavitud, la independencia era inevitable. La producción cafetera cayó dramáticamente: de 40,000 toneladas métricas en 1789 a apenas 9,000 en 1818. El dominio francés había llegado a su fin.
Brasil, el productor de café “mais grande do mundo”
Cuenta la leyenda que el café llegó a Brasil en 1727, cuando Francisco de Melo Palheta viajó en misión diplomática a la Guayana Francesa con la intención secreta de conseguir cafetos. Sedujo a la esposa del gobernador, Mme. D’Orvilliers, quien le obsequió las plantas camufladas en un arreglo floral.
Los primeros cultivos se establecieron en Pará y Maranhão, en terrenos obtenidos a bajo costo mediante la quema de vegetación selvática. En 1780, las plantaciones se extendieron a Río de Janeiro y, con ellas, aumentó la demanda de mano de obra esclava.
En 1807, Napoleón invadió Portugal, obligando al rey Joao VI a trasladar la capital del imperio a Río. Fascinado por el café, Joao importó más plantas desde África y las distribuyó entre los grandes terratenientes, futuros barones del café. Aunque Portugal se liberó pronto con ayuda inglesa, Joao decidió seguir gobernando desde Brasil. La producción se expandió a São Paulo y Minas Gerais, y ya en 1820 Brasil generaba la mitad del café consumido en el mundo. Hacia finales del siglo XIX, producía el 80%.
Inglaterra, el té y el impuesto al té
La historia inglesa con el café merece atención especial. La primera cafetería del país abrió en Oxford en 1650, y para 1700 ya había más de tres mil en Londres. Sin embargo, hacia fines del siglo XVII, la poderosa East India Company —que controlaba el comercio con India y China— volcó sus intereses hacia el té, al perder terreno frente al café holandés y francés. Con fuerte propaganda, transformó los hábitos de toda una nación en pocos años.
En 1773, el gobierno británico promulgó la Ley del Impuesto al Té, exacerbando el descontento en sus colonias. Como protesta, Samuel Adams y John Hancock abordaron barcos ingleses en Boston y arrojaron 342 cajas de té al mar. Este acto enfureció al rey Jorge III, quien respondió con medidas represivas. Así se encendió la chispa de la independencia de Estados Unidos... y del rechazo al té. Hoy, Estados Unidos es el mayor consumidor de café del mundo, y Starbucks, su principal empresa distribuidora.
España, el café y sus colonias
El Reino de España impulsó el consumo de chocolate, por lo que tanto el consumo como la producción de café comenzaron tras las guerras de independencia. Pero esa ya es otra historia.
Principales Fuentes
Artículo publicado en la Revista Maskara. Año 5 N23 Marzo
Santiago Lascasas Monreal. Biografía del café. Cuadernos de Aragón No 43. Institución “Fernando el Católico”. 2010
Steven
Topik. The world cofee market in the eighteenth and nineteenth centuries, from
colonial to national regimens. Deparment of History. University of California, Irvine. 2004

